Cuando levantamos las banderas del Che, lo hacemos pensando en su concepción revolucionaria sin lo cual no hay posibilidad de cambios estructurales, en su profundo humanismo comunista sin lo cual no hay cariño ni fusión con los desposeídos, y en su espíritu de solidaridad antimperialista que aplicó cuantas veces y donde fuera necesario, y sin lo cual no habría internacionalismo proletario ni posibilidad de unir a los pueblos para derrotar al imperialismo y sus socios nativos. Al cumplirse 50 años de su muerte las banderas de la Liberación, la Revolución y el Socialismo, están más vigentes que nunca.
Rescatamos las enseñanzas revolucionarias de los procesos de los que fue parte, de que sin construcción y apertura de una situación de doble poder que ponga contra las cuerdas al sistema de la burguesía, no hay posibilidad de la toma del poder y del surgimiento de un gobierno de los trabajadores y el resto del pueblo.
Nos formamos retomando su ejemplo de entrega revolucionaria, su conducta de haber estado siempre a la cabeza ahí donde le toque dar la pelea, entregando lo mejor de lo suyo a la lucha revolucionaria a fundiéndola con las necesidades del pueblo. Sin dudar en asumir cualquier tarea y dar lo mejor de sí por más pequeña o inmensa que esta sea. Rescatamos su espíritu creador, de constante búsqueda y estudio, de formarse y prepararse física e intelectualmente para cualquier tarea que la revolución le ponga por delante.
Tomamos su ejemplo de honestidad transparencia y valentía que siempre lo caracterizó y que lo llevó a entregar la vida en defensa de los pobres. Pretendemos formarnos en este temple, recuperando su ejemplo y de tantos otros camaradas anteriores y posteriores a su muerte.
Los reivindicamos a todos, como revolucionarios, como personas que realmente existieron, con sus procesos, con sus dudas y contradicciones, y que supieron dejarlas a un costado para superarlas y fundirse con las necesidades de los trabajadores y el pueblo.
No hay “hombre nuevo” sino avanzamos desde el inicio en combinar la lucha con el estudio el deporte y el desarrollo de una cultura revolucionaria como pilares fundamentales para la construcción de una juventud verdaderamente solidaria y comprometida.
SOMOS PARTE: Nos sentimos parte y herederos de las mejores tradiciones revolucionarias y combativas de nuestro pueblo. A su vez solidarios con la lucha de la clase trabajadora y de todos los pueblos del mundo que luchan por su liberación y la construcción del socialismo. Reivindicamos las luchas revolucionarias y por la independencia nacional de 1810. Las confrontaciones de la clase trabajadora desde su inicio, por las 8 horas y el derecho a sindicalización, las huelgas rurales de la Patagonia rebelde, las huelgas obreras de la década del 30, la pueblada del 45 y la resistencia del 55, principalmente del Cordobazo y la apertura de luchas abiertas en los 70, del Porteñazo de 2001 y Puente Pueyrredón. Somos parte y apostamos desde la Juventud a fortalecer e instalar el partido revolucionario marxista leninista en todo el país. A su vez bregar por la unidad de los jóvenes revolucionarios en un espacio de coordinación antimperialista que trabaje en camino de construcción hacia el futuro Frente de liberación nacional y social.
NUESTRO PERFIL: Caracterizamos a nuestro país como capitalista dependiente en el que los dueños del poder económico político y militar que se apropian de las riquezas, son los monopolios nativos y extranjeros como parte de la asociación que existe entre la gran burguesía y fundamentalmente el imperialismo yanqui, el cual se encuentra sumido en una disputa encarnizada por los mercados con sus competidores principalmente China y Rusia, descargando los costos de su disputa sobre los pueblos de todo el mundo.
Enfrentado a ellos la clase trabajadora y el pueblo que abarca obreros industriales, rurales, estatales, precarizados, desocupados, pequeña burguesía de la ciudad y el campo, intelectuales, etc. Dicha confrontación se resuelve solo con la revolución que apoyada en la participación popular efectiva produzca cambios verdaderos y no con simples reformas que se postergan en el tiempo y nunca cambian nada. Solo allí se podrá avanzar en la aplicación de un programa democrático antimperialista y revolucionario que abra las puertas a la construcción del socialismo.